11. VÉRTIGO: O parte del living.
- Flor

- 26 may 2020
- 2 Min. de lectura
No voy a profundizar. Me dediqué a la cama, a las series, a pasear al perro, al fútbol con Jano, a limpiar los pisos. Todo menos cocinar. Solo dedicarme al orden de volver las cosas a su lugar. De pasar el trapo y confirmar que absorbe.
Amar en el desorden y en la aglomeración de palabras en la biblioteca. Amar la quietud y la calma. Amar en la organización del abecedario y en la lógica de la levadura que ensancha el pan. Amar es aceptar y crear. Porque de a dos se establecen códigos que forman un tercer ente que filtra residuos para potenciarse. De la convivencia al inconsciente. Un frankestein que te muestra lo que sos y lo que no querés ser. El hilo que cose el brazo al torso define un cuerpo pero es flexible. Soltar da vértigo y que te suelten también. El vértigo es un estado de descontrol y pérdida de sentido. El vértigo es desequilibrio, falta de contención y de cemento. Cuando el vértigo te agarra es una montaña rusa pero sin rieles ni cinturones. No es Dysney. No sacás un ticket, ni hay un punto de llegada, por eso asusta. Porque puede no terminar nunca, se filtró el aire por un desestabilizador del sistema y el piso puede abrirse en dos y tragarte, nada es sólido. El cuerpo pierde consistencia. Solo el piso y el cielo cambiando de ubicación y vos en el medio perdiendo identidad en el espacio. Las partes separadas flotando en la casa sin techo. Partículas de tu cuerpo mezcladas con frankestein, la densidad del aire y un colador de plástico. Sin definición entre el afuera y el adentro. El living entra por tu cabeza y se desordena adentro tuyo, pero al mismo tiempo estás en el living que está dentro de tu cabeza. Aunque en un momento el caos pasa. La casa se ordena, dos manos te sostienen para que no te evapores. Las leyes de gravedad vuelven a regir en tu mente, pero algo se movió para siempre, es una cicatriz que te dice que no podés confiar en los objetos, ni en los cuerpos, ni en la distribución de los elementos que te rodean. Tengo la casa adentro. Toda la casa ocupa mi cuerpo, sillones, camas, heladera, horno, lavarropas, mesas, sillas, mesadas destornillador, aceite, se incrustan en los bordes de mi superficie. Intento ordenarme en la calma del equilibrio medicado, pero un silencio interno me avisa que la realidad es tan subjetiva como concreta. Y que no hay ninguna seguridad sostenible si el piso fue capaz de volverse techo. Afuera y adentro se parecen ahora demasiado. El estar en casa me hace sentir también un poco parte del mobiliario. Me siento en la silla y escribo todo el día hasta ser parte de ella. Pero es una silla que contiene la casa entera. Y es raro ver una silla paseándose por la casa, lavarse los dientes, jugar con el perro o dibujar en el piso. Simplemente estoy bloqueada de vértigo. Quiero escribir, continuar con todo, pero siento un freno de mano que no me deja avanzar, ni siquiera por inercia.




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